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Julio César, el gran emperador romano, detalló en sus informes de campaña, que los bárbaros galos consumían una cantidad escandalosamente alta de leche, y que de hecho, incluso comían mantequilla. Quedó horrorizado.

Estrabón, otro historiador antiguo, fue más allá, relacionó claramente la barbarie de aquellos pueblos con el consumo excesivo de leche y de mantequilla. La mantequilla en concreto, durante el Imperio, era un elemento muy utilizado para curar heridas, pero a nadie se le ocurriría comérselo o utilizarlo para cocinar. Era un ungüento, como si ahora nos dedicáramos a cocinar unas patatas fritas con el linimento que nos ponemos cuando nos duelen los huesos. Impensable.

En lo referente a la leche, por cuestiones climáticas era un producto que tomaban solo las clases más bajas, concretamente agricultores y gente del mundo rural, ya que la mayoría de vacas estaban en las granjas de las afueras de las ciudades, nunca en las urbes romanas. La leche era para aquellos que no podían permitirse el vino, y asumiendo que el vino (de mala calidad) era relativamente barato, ya os podéis imaginar el cuadro.

Pero no os penséis que solo los romanos eran los portadores del odio contra la mantequilla, en la antigua Grecia era muy habitual utilizar la palabra «mantequilla» como un insulto, o cuando te querían llamar rudo, bárbaro y poco refinado. De hecho, los habitantes de la antigua Tracia, lo que vendría a ser hoy Bulgaria y alrededores, comían mucha mantequilla, así que eran llamados con todo el desdén posible por los refinados griegos como «comedores de mantequilla».

Esto duró siglos, muchos siglos, de hecho más bien hasta hace poco mas de 2-3 siglos. Cuando se veía a alguien comer mantequilla o tomar leche rápidamente se burlaban de él: «mira Marco Antonio, un forastero bárbaro». Habiendo cerveza y vino, eso de la leche no tenía ningún tipo de sentido.

El clima lo explica todo

El clima mediterráneo lo explica en buena parte todo, o al menos esta relación de leche/mantequilla con los bárbaros que hacían los romanos. El clima mediterráneo es mucho mas caluroso que el norteño de Europa, por tanto la conservación tanto de la leche como de la mantequilla eran complejas, además, en todo el mediterráneo había aceite de oliva, en grandes cantidades, el oro dorado que le llaman, un producto mucho más fácil de conservar, transportar y de utilizar, además de ser más saludable.

De hecho, en la actualidad todo el mundo mediterráneo, incluso siendo de religiones diferentes, continúan utilizando el aceite como elemento principal en sus dietas, tanto para cocinar otros alimentos como para acompañar ensaladas y todo tipo de platos. Cocinar con mantequilla es algo extraño y desconcertante para un griego, un tunecino o un español.

Un insulto que va más allá

Pero no nos pensemos que todo acabó con la caída del Imperio. Los nuevos «señores», esos bárbaros comedores de mantequilla del norte, pronto también adquirieron el hábito de utilizar aceite, y fueron dejando tanto la leche como la mantequilla de lado, en un intento también por dejar de ser bárbaros e integrarse de forma natural en las sociedades post-imperio romano. El aceite había ganado de nuevo la partida a los come mantequilla, la civilización se había abierto camino entre leche y tortillas cocinadas con mantequilla (¡que horror!).

La cosa no quedó aquí, con el paso de los siglos continuó igual, y ante todo por aquellos que tenían aspiraciones a parecerse al glorioso pasado imperial romano, así, los ingleses, que siempre han pretendido ser más que los romanos, tampoco veían bien el consumo excesivo de mantequilla, Fynes Moryson, un secretario personal de Isabel I, que estuvo destinado muchos años en Irlanda, volvió altamente escandalizado: «los irlandeses se tragan trozos enteros de mantequilla sucia».

Países Bajos, amantes de la mantequilla

Aunque con el paso del tiempo se relajó la consideración de beber leche, con el tema mantequilla los grandes y refinados habitantes de Europa no dieron tregua, las burlas continuaron durante siglos.

El primer país que intentó cambiar esto fueron los Países Bajos. Toda Europa hacía chistes sobre ese nuevo país que se había liberado de España. Estos chistes eran de todo tipo, pero sobretodo se centraban en el tema de la mantequilla, un país normal no podía consentir tanta ingesta de leche y mantequilla, aquellos holandeses estaban bien locos. Los flamencos, sus primos-hermanos del sur más que escandalizarse, reían, llegaron a inventar el términos «kaaskoppen«, que sería algo así como «cabeza de queso», para referirse a ellos. Los ingleses, que ya sabéis que son como son, en un folleto muy famoso de la época llegaron a escribir: «Un holandés es un gusano de queso lujurioso, gordo y de dos patas«.

Pero los holandeses tenían mucho amor propio, si habían aguantado a los españoles todos estos apelativos no eran un problema, así que ellos estaban orgullosos de sus lácteos. Para desayunar mantequilla con pan, para comer mantequilla con pato, para cenar mantequilla con alguna cosa que encontraran. La mantequilla, los quesos y las vacas lo era todo. En las mesas de los más ricos del país habían todo tipo de mantequillas diferentes, y para acompañar tal desmadre de barbarie, leche bien fresca.

El caso holandés es muy interesante, mantequilla y leche era el derecho propio de todo holandés, así que se dedicaban grandes partes de su escaso terreno para que las vacas vivieran tranquilas y producieran leche. Pronto los artistas también empezaron a pintar sus famoso bodegones, que eran exaltados tributos a la mantequilla, el queso y la leche.

El ingenio de los holandeses hizo que se empezara a recuperar terreno al mar, y con ello sus vacas se volvieron más productivas, y los Países Bajos pasaron de una tierra pobre, inundada y lúgubre, liberado hacía poco de los españoles, a una potencia productora comercial de primer orden. Podemos decir, medio en serio medio en broma, que la prosperidad de los holandeses se basó en la mantequilla y sus vacas.

Sus vecinos empezaron a mirar con recelo, los antaño comedores de mantequilla quizá tenían algo especial que les había permitido construir de la nada uno de los países más ricos, seguros, culturalmente activos y prósperos de toda Europa. Los europeos también comenzaron a reconocer que había genio en las granjas lecheras holandesas, en sus mejores pastos, mejores vacas y su capacidad para cultivar tierras por debajo del nivel del mar. La lechería holandesa se consideraba brillante.

No podía ser… ¿el secreto era por la mantequilla?. Tráiganme que me voy a meter un par de quilos a ver si aumenta la productividad de mi granja.

¿Se acabaron los insultos contra la mantequilla?

Y así, sin quererlo ni beberlo, fueron los holandeses los que acabaron con las risas, fobias y odio europeo a la leche y la mantequilla, al menos de momento. Aunque si que no consiguieron convencer a los herederos del imperio romano, los europeos del sur y del mediterráneo, cambiar su aceite por la mantequilla.

Sigue siendo extraño e incluso curiosos para un portugués o español cocinar con mantequilla, de hecho no saben ni como hacerlo. Es evidente que ello es por ser productores de aceite, y de hecho, la tendencia mundial ya hace décadas que vira hacía la cocina con aceite, por ser más saludable, pero eso es otra historia….

No nos engañemos, cuando alguien utiliza la expresión de «música de ascensor» todos sabemos a que nos referimos. Esa música que es alegre pero triste, que es triste pero alegre, y que es animada pero serena, vamos, música de ascensor para que puedas continuar hablando con alguien pero a la vez te permita no tener que interactuar con otros y no sentirte extraño.

A muchas personas les da miedo subir en ascensores, también llamados elevadores, y es normal, se tratan de cajas de metal, que son elevadas en rincones de los edificios, al vacío, y que nos permiten subir o bajar de los principales rascacielos de nuestras ciudades.

El origen de los ascensores

Como muchas cosas, debemos irnos a Estados Unidos, dónde la falta de espacio en las zonas centro de las ciudades hicieron que empezaran a proliferar los rascacielos, o mas bien, los edificios altos, esto permitía poder construir más espacio en vertical, y no en horizontal, pero también tenía otros peligros, y uno de ellos era tener que subir todos esos pisos de forma natural, o sea, con las piernas.

Rápidamente surgieron diversos inventos, el ascensor primitivo no era muy diferente al actual, salvo que no era seguro, esto quería decir que los accidentes eran habituales, y si ya en la actualidad a la gente le da pánico entrar en los ascensores y se imagina suspendido en el aire y a punto de estrellarse, no podéis imaginar el pánico que existía en épocas pasadas en las que los ascensores no tenían ni la mitad de elementos de seguridad actuales.

En 1853 un invento lo cambió todo, Elisha Otis (os sonara el apellido por la famosa empresa de ascensores y elevadores) inventó un elemento revolucionario. Subió a un nutrido grupo de visitantes a su elevador, y luego cortó la cuerda que los mantenía en el aire, pero la plataforma que empezó a caer, pronto quedó parada: había inventado un método para que en caso de caída no se cayera el elevador con todos sus visitantes dentro. «Todos a salvo, señores! dijo Elisha. Unos 16 años después más de 2000 ascensores Otis poblaron todo Estados Unidos.

Empire State de Nueva York

El mundialmente conocido edificio del Empire State en Nueva York, cuenta con uno de los ascensores más famosos del mundo. En su momento el más alto y largo que existía, y por tanto nos puede dar muchas pistas sobre el origen de la música de ascensor.

En el 1931, cuando se inauguró el edificio, el elevador tardaba unos 2-3 minutos en recorrer las casi 80 plantas del edificio. Pero había algo diferente a los otros ascensores automáticos, se trataba de una especie de música enlatada, que no se sabía bien bien que era, exacto, se trataba de música tranquila y relajada, que hacía pasar el tiempo más rápido.

Así, una de las principales teorías que hablan del origen de la música de ascensor es justamente esta, el entretenerte mientras subes muchos pisos. En la actualidad, este ascensor que te lleva a uno de los lugares de mejores vistas sobre Nueva York, dispone de una pantalla gigante, que rememora los tiempos de su construcción, no te la pierdas aquí.

Un accidente con melodía especial

No podríamos dejar esta entrada sin citar un accidente que sucedió en el 1945 en este edificio, básicamente un bombardero B-25 del ejercito se estrelló en el piso 79, y la descripción de la escena de caos en los ascensores mientras sonaba un vals es, para los que no estábamos en ese ascensor en ese momento, algo siniestro con lo que sonreír.

Relajar a los visitantes no es el motivo principal

Para encontrar las primeras referencias a este tipo de música, nos debemos ir a la década de los años 30. Para entonces ya hacía más de 30 años que la gente utilizaba de forma generalizada ascensores, por lo que pensar que la música de ascensor nació justamente para que la gente no tuviera pánico es algo que por lo menos, se debe poner en duda.

De hecho, fue en la década de los 30-40 cuando muchos de los ascensores «nobles» de Nueva York empezaron a incorporar esta música tan característica, y ya en ese momento, los ascensores eran suficiente lisos, iluminados y seguros como para que sus usuarios no estuvieran con el corazón en la mano cuando subían en ellos.

La verdadera razón

Gracias a la Elevator Historial Society, que se dedica justamente a la investigación y devoción al ascensor, sabemos que el motivo principal de la música de ascensor fue justamente conseguir que los visitantes no se aburrieran, y que tuvieran la mente centrada en otra cosa, y además, conseguir que el tiempo pasara mas rápido de piso a piso.

En verdad, si te paras a pensar tiene mucha lógica, la música siempre nos hace pasar el tiempo más rápido, nos entretiene.

Pero también existen otras razones mucho menos «evidentes», por ejemplo, no era de extrañar que muchos propietarios incluían esta música en sus elevadores para poder decir que lo tenían, y mostrar a sus inquilinos un caché diferente en su edificio. En una zona tan competitiva como Nueva York, cualquier elemento diferente puede ser bueno.

El rey de la música de ascensor

En 1934 Muzak lanzó uno de los primeros discos de música de ascensor. No la definían así, pero esas canciones se hicieron rápidamente famosas, y miles de programas de televisión, radio, películas y ascensores contaron con ella.

Este autor se convirtió en poco tiempo en uno de los prominentes elementos de música de fondo. Incluso la Casa Blanca llegó a tener su música. La música de fondo de Muzak se metió absolutamente por todos lados.

El fin de la musica de ascensor

En la década de 1960 y 1970 este tipo de música empezó a no gustar a la mayoría de la población, y el éxito anterior se fue convirtiendo en menos popular. Curiosamente, aunque la gente ya no le resultaba tan estimulante esta música, más bien enlatada y repetitiva, incluso anodina, la realidad es que continua siendo presente en la mayoría de nuestros ascensores, o al menos, en aquellos de grandes edificios.

Curiosamente, este tipo de música es mucho menos popular en Europa, dónde los elevadores no suelen utilizarla. ¿Podemos decir que los europeos se aburren menos en los ascensores?

Sea como sea, en la actualidad parece que la música de fondo pasa a una mejor vida, no por su repetición, más bien porque la mayoría de los usuarios del acensor ya se entretienen con sus smartphones y sus tablet de última generación.

Cualquier momento es bueno para ver los últimos mensaje de WhatsApp, sentirte querido en Facebook, o simplemente criticar a alguien pro Twitter.